Luz, intimidad, paisaje y emoción: reflexiones sobre cómo proyectar una casa para ser vivida.
Hay casas que se pueden entender a través de una fotografía. Y hay otras que necesitan ser recorridas.
Durante mi estancia en México tuve la oportunidad de visitar la Casa Prieto López, de Luis Barragán, en Jardines del Pedregal, Ciudad de México. Conocía su arquitectura y había visto muchas veces sus espacios publicados, pero caminar por una de sus casas permite comprender algo que las imágenes difícilmente pueden transmitir.
Lo que más me interesó no fue encontrar soluciones que pudieran copiarse, sino descubrir una manera de pensar la vivienda. Porque una casa no debería ser únicamente una suma de habitaciones bien distribuidas. Puede ser también un lugar capaz de producir calma, intimidad, sorpresa o emoción.
Una casa puede emocionar
Cuando comenzamos a proyectar una vivienda es lógico hablar de metros cuadrados, dormitorios, cocina, salón, instalaciones o presupuesto. Todo eso es imprescindible. Pero existe otra pregunta que me parece igual de importante: ¿cómo queremos sentirnos dentro de nuestra casa?
La arquitectura de Barragán demuestra que el espacio puede provocar sensaciones sin recurrir a grandes gestos. Una pared iluminada de determinada manera, una vista que aparece al final de un recorrido o un espacio protegido frente al exterior pueden permanecer en nuestra memoria durante años.
La emoción no tiene por qué ser espectacular. Muchas veces está precisamente en lo sencillo.
La arquitectura se descubre caminando
En una vivienda no permanecemos quietos. Entramos, avanzamos, giramos, atravesamos un umbral y descubrimos otros espacios.
En la Casa Prieto López esa secuencia tiene una enorme importancia. La arquitectura no se muestra de golpe.
Frente a cierta tendencia contemporánea a enseñar toda la vivienda desde el primer momento, Barragán demuestra el valor de guardar algo por descubrir. Un acceso contenido puede hacer que el espacio que aparece después parezca más amplio. Un muro puede ocultar parcialmente un jardín y aumentar la intensidad del momento en que finalmente lo encontramos.
La casa comienza entonces a tener un relato.